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Presentación de una nueva novela de Franco Mimmi en el Istituto Italiano
Fusilamos la crónica que de la mano de Manuel Gil Rovira publica laRepública.es

“Povera spia” de Franco Mimmi, no es “El ser y la nada”

Manuel Gil Rovira

Como había anunciado larepublica.es, el autor de “Nuestro agente en Judea” presentó el pasado miércoles 7 de junio en el “Istituto Italiano di Cultura” de Madrid su última novela, “Povera Spia” (Reggio Emilia, Aliberti Editore, 2006). Debo confesar que la compré en el momento y que, por lo tanto, no he tenido tiempo más que de hojearla. Así pues, sólo puedo referir el acto y del acto intuir que esta última novela vuelve a contarnos cosas y que Mimmi vuelve por sus fueros.

La presentación corrió a cargo de la Profesora Yvonne Aversa y del propio Franco Mimmi. Entre ella, la lectora, y él, el autor, desgranaron una narración, o mejor, un personaje, un “pobre espía”, su “desventura y sus conjuntos”: Riccardo. La profesora Aversa nos habló desde la portada, un ojo que parece mirarte y que, una vez leída y releída la novela, parece mirarse a si mismo, hasta del protagonista de una novela negra, (un “noir”) que no es el motor de la acción sino el objeto de la indagación. Nos habló de un personaje que no actúa pero que está en la acción y en ella se ve enredado y no sabe si quiere o no, si puede o no, liberarse de ella. Nos habló de inactividad e inercia, de fragilidad de convicciones; del no reconocimiento del nosotros mismos en el no reconocimiento del mundo circundante, de dinero, poder… y su “lógica”. Esta última palabra, que ella no dijo, sí fue recogida por el autor. Nos habló de un Mimmi que muchos de los pesentes reconocíamos en anteriores novelas: el de la integración y lectura con y desde textos ya leídos, que son realidad; el del establecimiento de planos “yo” desde el protagonista y “él” desde el narrador, queridamente marcados hasta con la tipogragrafía (el juego de la lectura); el de los fragmentos/fotogramas… Una novela negra para un personaje deshabitado –necesarias las referencias a Svevo, a Verga, incluso a Músil…- que, en imagen de Yvonne Aversa, se va construyendo como un mosaico plano pero que conforme se va llegando al final obliga a reconstruir sus teselas en varias dimensiones. Una novela encerrada como vida entre una cita inicial de Leonardo Da Vinci (“Infralle cose grandi che infra noi si trovano, l’essere del nulla è grandissima”) y un final (“…”) “no” abierto. Se intuía el Mimmi en estado puro de textos como “Un cielo cosí sporco”, “Una vecchiaia normale”…

Después habló el autor del por qué de la novela, del por qué incluso de la cita inicial y de cómo una entidad científica tiene que ser filosófica y, por lo tanto, existencial; y del “nulla”, la nada, del vacío. Mimmi y las lecturas de realidad de antes. Y habló de su personaje, de Riccardo y -empiezo por enmedio porque hay manías oraculares de mis autores que me encatan- de su Francesca, la de Riccardo, la real presencia develadora. ¡Qué manía Franco! ¡Qué bonita, esto es, narrativa manía, Franco! ¿Alrededor de ella, el vacío?, ¿El espía que no sabe que lo es y que después es algo tan importante, tan internacional, tan en la lógica y una lógica superior a la suya? o ¿La inteligencia?, ¿esa que nos impide caer en la nada gracias a la dificultad de pensar la nada?. En cualquier caso, sí el estado de resignación alrededor del no saber aplicar la inteligencia a los problemas diarios, cotidianos, a la vida y esa única posiblidad de trascenderlo que nos expresaba Mimmi en la intervención: la empatía con el prójimo y la ironía juntas, siempre juntas. Estábamos ante un personaje y un narrador que nos contaban el por qué de su personaje. Eran los indicios que, aún no habiéndola leído a día de hoy, me hacen apetecer esta nueva novela de Mimmi. Y, si faltaba algo, escuchamos a Franco una/la pregunta que entre las pequeñas cosas se hace este Riccardo de las inacciones y las “inactitudes” imposibles a lo largo de la novela:

¿Por qué le amaba Francesca? Porque él, Riccardo, tenía “derecho a una indemnización”.

Conociendo al Mimmi anterior intuyo que, otra vez, con una escritura fácil, que no leve, y precisa, esta “Povera spia” viene a no dejarnos tranquilos, viene, de nuevo, a crearnos problemas. Dejo de hojearla. La abro desde el principio. Voy a buscarlos.