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Una vez más los incendios forestales vuelven a asolar nuestro país, esta vez en Galicia. Si bien es cierto que tradicionalmente Galicia es pasto de las llamas con frecuencia, sobre todo asociado al uso ganadero del fuego, muy arraigado para la generación de pastos frescos a partir de la quema del matorral y que, muchas veces, se hace incontrolable sin gran preocupación del ganadero, este año ha sido un desastre, con la desaparición de más de 80.000 ha de monte.
por Javier Chamorro para Herramientas para el Debate

Sin embargo es necesario profundizar más en las causas estructurales de los incendios forestales en España, muy relacionadas con la actividad económica y la estructura de la propiedad agraria.

Sin duda una causa estructural principal es el descenso en el precio de los productos forestales, sobre todo leñas y maderas de pequeña dimensión, que tiene como consecuencia la falta de rendimiento económico que implica la saca de estos productos del monte y, en consecuencia, la acumulación de combustible ante un incendio.

A esta falta de rentabilidad contribuyen varios aspectos, y no relacionados en especial con la demanda de productos derivados de la madera que, en un primer momento, puede parecer que ha descendido.

Sí lo ha hecho como combustible en los últimos 30 años, pero la demanda de madera a escala mundial sigue creciendo. Según las previsiones de Wood Resources International, la demanda de madera para fines industriales pasará de 1.600 millones de metros cúbicos actuales a 2.700 millones en 2030 (1.600, de coníferas y el resto de no coníferas), la mayor parte en el mundo occidental.

El problema es que en nuestro país el sector forestal es un sector agronómico atrasado, sobre todo en varios aspectos. Por un lado, falta voluntad para acabar con una estructura de la propiedad que, en aquellas regiones más forestales, como es el noroeste de la Península, sigue basándose en pequeñas superficies, muchas veces por debajo de 1 ha, tal y como ocurre en Galicia.

En este sentido no se ha fomentado en absoluto el cooperativismo agrario forestal para avanzar en una mejor gestión del monte o las prácticas de concentración agraria y el fomento de la empresa forestal más allá de la estructura familiar, que permitiría disminuir los gastos de explotación.

Por otra parte, es manifiesta la falta de investigación forestal e I+D, sobre todo en lo que se refiere a los productos derivados de los materiales forestales que podrían obtenerse, el mejor uso de la madera, la red de distribución y los métodos y mecanización de la saca de estos productos. Esta labor que recaía en el Estado ha sido abandonada, en muchos casos, por las Comunidades Autónomas.

También es claro que en España falta una planificación adecuada de los aprovechamientos forestales. En este sentido, y a pesar de las últimas leyes de montes aprobadas por el PP y el PSOE, falta la implicación de la administración y la empresa privada en la ordenación de montes y de entidades superiores, como los Planes de Ordenación de Recursos Naturales (PORN) asociados erróneamente sólo a los espacios naturales protegidos, muy en la línea neoliberal de acabar con un sector público regulador fuerte.

Una planificación correcta (en este sentido hay que destacar la que desarrollaron países como Checoslovaquia tras la II Guerra Mundial) permitiría contemplar la posibilidad de colaboración y cooperativismo necesario para obtener una rentabilidad económica al monte, así como una mejora ambiental evidente (certificación forestal), que impida un estado de abandono que, en nuestro país, acaba en un incendio forestal.

Por último otro de los aspectos clave, muy relacionados con la falta de una política clara de I+D pública, es la creciente desindustrialización del país, que provoca que la lejanía de la industria transformadora de la madera y sus derivados haga poco rentable el aprovechamiento forestal del monte español.

Todo ello implica la disminución de la población rural asociada al monte, el abandono de la actividad económica asociada al mismo y la sustitución de la explotación y aprovechamiento cuidado del monte por un rendimiento inmediato sin inversiones adecuadas. Esto, necesariamente, acaba más tarde o más temprano en un incendio forestal.

No basta, por tanto, con hacer grandes inversiones en extinción si no se profundiza en la raíz estructural del problema y abordar, desde un aspecto socioeconómico, el mismo. De esta manera, y a pesar de los intereses de tipo especulativo e incluso políticos que puedan esconderse en casos como el de Galicia este verano, será mucho más fácil luchar contra el fuego.

Javier Chamorro
Ingeniero de montes
Agrupación de técnicos
y profesionales del PCM (PCE)

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