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Mucho se está hablando durante los últimos días, meses y años sobre la cuestión de la inmigración y sus efectos en la sociedad y la economía. Extraño es el día que no nos despertamos con una nueva llegada de hombres, mujeres y niños a nuestras costas y estremecedor resulta pensar las miles de vidas y sueños que se tragan las aguas sin que la tragedia se convierta en noticia.
por Javi Parra, director de La República
Se habla de medidas contra la inmigración ilegal, de patrullas, ejércitos, muros y repatriaciones. Todo inútil. Podríamos preguntarnos cómo es posible tanta incompetencia para afrontar un asunto como éste, si no fuera el exceso de cobardía el que impide una solución real. Dejemos las cosas claras: no sólo es imposible acabar con la inmigración ilegal sino también reducir el flujo migratorio. La situación se hará insostenible y más pronto que tarde estallará la burbuja de felicidad en la que vive aislado el “Primer Mundo”. Las fronteras y las patrullas serán inútiles; las leyes y tratados, papel mojado.
Por tanto, si los responsables de tomar medidas son humanos, racionales e inteligentes, deberían tener clara esta realidad y actuar en consecuencia. Por un lado, más valdría que gastasen sus esfuerzos en acabar con un sistema económico mundial cruel e injusto, que obliga a miles de millones de personas a vivir en la miseria para que unos pocos millones lo hagan en la abundancia y el derroche. Si se me permite, más nos valdría a todos dejarnos de cobardes declaraciones de buenas intenciones y empezar a actuar, ahora que quizá – y sólo quizá – estemos a tiempo.
Permítanme sugerirles, señores políticos de altos vuelos, nuevas medidas: derriben todas las murallas, desmovilicen las patrullas de vigilancia, construyan puentes y fleten miles de barcos y aviones; faciliten el flujo de personas de la misma manera que lo hacen con el capital financiero. ¿Una locura verdad? No tanto como la que ustedes proponen. En lugar de intentar salvar las posaderas del primer mundo más bien harían en empezar a comprender que la militarización de la frontera Norte-Sur, además de inútil es la más absoluta de las locuras. No sólo será incapaz de detener el flujo migratorio sino que lo hará más trágico y violento. Pasarán a un primer plano las cada vez más profundas diferencias entre países ricos y pobres y mostrará las vergüenzas de un statu quo internacional basado en la fuerza, creando el caldo de cultivo perfecto para una lucha de clases global sin precedentes, y de la cual ya se han dado las primeras batallas (Francia, 2005).
Militarizadas o no las fronteras, el flujo será imparable, y por lo tanto el colapso del sistema inevitable, si se sigue considerando la inmigración ilegal como una causa y no como una consecuencia. Eliminar la causa es, por tanto, la tarea a la que debe dedicar sus esfuerzos el mundo: acabar con un sistema económico mundial creado y sostenido por la fuerza.
La línea roja de la política mundial debe ser la solidaridad, y la justicia social su primera prioridad. De otro modo, nos desayunaremos cada día con nuevas tragedias, con nuevos naufragios, con cadáveres poblando nuestras playas y vidas hundiéndose en el mar, mientras nuestra ciudad y nuestra vida se hacen cada vez más irrespirables, contaminadas por la injusticia.
A ellos, que no creen en fronteras, murallas o burocracia, y navegan o caminan en busca de pan, justicia y libertad sólo puedo decirles una cosa:
¡Bienvenidos!








